Que nunca muera la música jazz

La La Land, una película con mucho jazz

Damien Chazelle, director de Whiplash y de La La Land, quería probarse a si mismo haciendo un proyecto más convencional: Chico guapo conoce a chica ideal. Oleada de emociones en colores primarios. Estalla una canción. Se deslizan por el suelo y acaban ocultando las estrellas.

Describiéndola fríamente, la película suena como una ruina financiera, pero La La Land ha resultado mucho más que eso. La La Land habla de música, de jazz, de sueños por cumplir y de lo que tienes que dejar en el camino para lograrlos.

La La Land, una película con mucho jazz

Los protagonistas, Mia (Emma Stone), una actriz que trabaja como camarera, conoce a Sebastian (Ryan Gosling), un pianista de jazz que algún día quiere tener un bar de jazz donde tocar. Ese encuentro fortuito, pronto llevará a una relación más estrecha, mientras Mia hace audiciones y Sebastian se gana la vida tocando el piano en los trabajos más insólitos que puede encontrar.

Mia escribe una obra para representarla en un local como una forma de reactivar su carrera, y en un momento de la película, a Sebastian se le plantea el dilema de seguir con su suelo de montar un bar de música jazz, o unirse a una banda de jazz contemporáneo.

Sebastian opta por unirse a la banda, y se va de gira con su banda de Fusion Jazz, The Messengers, encabezada por Keith (John Legend). Keith sugiere que el jazz morirá si no se adapta a los tiempo, y aunque Sebastián sigue siendo un purista, toca con ellos para ganar dinero. Aunque The Messengers no tiene lo que quiere Sebastian, hacen buena música.

Toda la trama se mezcla con escenas musicales en las que los protagonistas se ponen a cantar. Emma Stone tiene una dulce y frágil voz, y un paso razonablemente seguro. La interpretación de Gosling es menos convincente, pero lo compensa con su interpretación al piano.

La La Land termina magníficamente con una composición de imágenes de lo que pudo haber sido si hubiesen hecho las cosas de otra manera.

No tienen pretensiones, sino hubiesen elegido a actores con una mejor puesta en escena. Esa incertidumbre ocasional agrega una humanidad que logra la fluidez divina entre los dos protagonistas y conecta con el público.

Si, como se espera, La La Land excelentemente compuesta por Justin Hurwitz, gana el Oscar a la mejor composición, será la primera película musical original musical en hacerlo desde Gigi en 1958. Todo lo viejo se convierte en nuevo otra vez.